El Soporte Vital Avanzado (SVA) es el conjunto de medidas terapéuticas encaminadas
realizar el tratamiento de la parada cardiorrespiratoria (PCR). El SVA precisa
de equipamiento y formación específicos, a diferencia del soporte vital básico
(SVB). En el SVA,
vamos a tener cuatro personas con diferentes papeles:
- Una persona con un ambú
(es el que manda y coordina al esto de los compañeros).
- Otra con el monitor.
- Otra con la medicación.
- Un compañero que se encargará de realizar
las compresiones.
Una vez
reconocida la PCR, debemos pedir ayuda pidiendo un desfibrilador. A
continuación, se debe de iniciar la secuencia 30:2. Las compresiones torácicas
deberán ser de calidad y mínimamente interrumpidas, a lo largo de cualquier
intervención de soporte vital avanzado. En cuanto consigamos un desfibrilador,
debemos diagnosticar el ritmo cardiaco. Para ello, monitorizaremos al paciente
mediante la aplicación de las palas del monitor-desfibrilador o los parches
autoadhesivos sobre el pecho desnudo. Es muy importante recalcar que no se
pararán las compresiones mientras se monitoriza al paciente. Solo se pararán
cuando se reevalúe el ritmo. Antes de volver a revaluar el ritmo, se harán compresiones
durante dos minutos, es decir, cinco ciclos de 30:2. A la hora de
mirar el monitor para diagnosticar el ritmo hay que diferenciar entre ritmos
desfibrilables y no desfibrilables.